
Zabalza, en la cumbre del G-IV
A principios del próximo mes de septiembre -la fecha exacta aún no esta concretada-, los montañeros pondrán rumbo al Everest para tratar de llegar a la cima del techo del mundo por la cara norte, a través del corredor Hornbein, en estilo alpino y sin oxigeno.
“El mayor problema es que en otoño en el Everest no hay nadie, ya que todas las expediciones concentran sus energías en la primavera y normalmente por las rutas clásicas tanto de la cara sur como de la cara norte”, aseguró Zabalza.
Sin embargo, el montañero navarro afirmó que no buscan estar solos. “Lo que ocurre es que las condiciones idóneas para escalar esa vía se dan en otoño, en el post-monzón, porque en primavera hay bastante más hielo vivo ya que hay mucho más viento”, explicó.
Espina clavada
Este objetivo, aunque nuevo para Zabalza, ya es conocido tanto para Iñurrategui como para Vallejo. “Mis compañeros ya intentaron esta vía hace tres años y llegaron muy alto”, recordó el alpinista pamplonés, que indicó que en esa ocasión “Juan Vallejo no se encontró muy bien y tuvieron que darse la vuelta casi a 8.500 metros”. “Se les quedó clavada esa espina y este año tenemos ganas de sacárnosla”, añadió Zabalza.
Pero el navarro sabe que se trata de un “objetivo caro”. “Muy bien se nos tiene que dar todo para cumplir el objetivo, debido a que es difícil y arriesgado, pero hay que intentar estas cosas de vez en cuando”, alegó.
Además, la idea, aunque ya planeaba por sus mentes, aterrizó de una manera no muy planificada: “Tuvimos una comida con nuestros patrocinadores de Gas Natural tras volver del Makalu y nos dijeron que ellos estaban de acuerdo con los valores que nosotros creemos importantes en el monte, que se identificaban con ellos y que les presentáramos otra cosa”.
“Alberto Iñurrategui les contó el plan y lo que se dijo en aquella comida sin mucha sustancia ha ido cogiendo forma”, afirmó Zabalza, quien, no obstante, afronta el reto muy ilusionado.
“Más nos vale afrontarlo con ilusión y con ganas, ya que es un objetivo arriesgado, porque, si hubiese más gente en la montaña, bajaríamos por la ruta normal, pero en otoño no hay nadie y entonces bajaremos por la misma ruta por la que subiremos y, para hacerlo sin cuerdas fijas, tendremos que guardar fuerzas, debido a que es un terrenos delicado”, expuso Zabalza.
Buenas condiciones
Como en su experiencia en el Makalu, los tres montañeros dependerán también de las condiciones meteorológicas, aunque no tanto. “Al ser una vía de nieve, dependemos de las condiciones, pero la experiencia de mis compañeros les hizo darse cuenta de que en otoño, a pesar de que nieva mucho, como es una pendiente, la pared se queda limpia y las condiciones de la nieve son buenas”, apuntó.
Fuente Diario de Navarra


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